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Equivocación

 

La aguda sensación de vértigo se esparcía desde su estómago y descendía en ráfagas por sus piernas mientras su cuerpo se disponía a ejecutar la decisión. Sus miembros se movían como los de una marioneta dirigida por hilos invisibles.


Aunque se había sentido aliviado al inclinarse por una, su mente aún sopesaba una y otra vez las posibilidades. Sabía que era la correcta, tenía que serlo.


No había tiempo que perder. Un segundo de vacilación podía ser la diferencia entre la vida y la muerte. Sin embargo, algo parecía mal. Se sentía atrapado en una burbuja de tensión.


Los ruidos y los gritos apenas llegaban a algún lugar recóndito de su cerebro.


Un último instante de oscuros presagios y sus manos, trémulas y sudorosas, pusieron fin al tormento.


Hubo un sonido sordo al cerrarse el alicate y el mundo se detuvo tres segundos.


Luego, la bomba explotó.

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